Aprieta bien los dientes, es el
tiempo, que viene.
Viene a devorarte por dentro, a
matarte y a enterrarte en el olvido. Es el tiempo, que te llama. Es el tiempo
que, como la espada de Damocles, pende sobre nuestras cabezas. Es el tiempo, el
que arrastra recuerdos de otros tiempos, el que cura las heridas causadas por
el paso inexorable del propio tiempo. Es el tiempo, que todo lo mide y siempre
se agota, tan volátil, tan pasajero, como la infancia de un niño que juega con
su pelota. Es el tiempo, que somete nuestro juicio a una inevitable falta de
veracidad, el que transforma los hechos y acaba con la verdad. Es el tiempo, el
que crea mentiras y secretos. Es el tiempo, el que te destroza, te abraza y te
lleva al último monte, al último cielo. Es el tiempo, el que se detiene en el
infierno.
Yo conocí un tiempo, más
agradable, más fresco, más tranquilo y sereno. Un tiempo donde nada importaba
más que nuestro propio tiempo, y era nuestro, y de nadie más. Yo recuerdo un
tiempo donde yo no era malvado, un tiempo cuando estabas a mi lado. Yo recuerdo
ese tiempo. Yo aún quiero regresar a ese tiempo. Yo quiero vivir ese tiempo.
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